Embrujo de altura

El sombrero del cocinero es tan grande que parece una de las jorobas del cartel de Pirineos Sur de este 2017. Hay un buen puñado de gente esperando frente al puesto de piadinas. Uno de los clientes lleva gafas finas y redondas de montura negra, mirada azul inquieta y sonrisa directa. Su expresión promete cháchara. Bingo, entabla conversación con el primer hola. “¿Es tu primera vez? Yo me enamoré con 18 años. Me acuerdo del concierto que escuché y de que me dije… ‘Tienes que vivir aquí’, y lo he conseguido, trabajo en el complejo deportivo todo el año”. Continue reading →

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Los jueves, casi sin luz

A veces las aulas se quedan cortas. Las paredes blancas del Conservatorio Superior de Música de Navarra pueden resultar algo agobiantes, el suelo verde se hace artificial y las lámparas fluorescentes emiten una luz demasiado blanquecina, impersonal. Los estudiantes de jazz buscan un lugar más espontáneo y acogedor, con bombillas de luz tenue y un suelo cubierto de serrín.

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Just Jazz

Cada vez son más en Pamplona los que se agrupan en torno a este género musical del que hablaba el compositor George Gershwin (“ la vida es como el jazz: es mejor cuando improvisas”. ). Una música que se toca con saxofones viejos y en la que los intérpretes tienen libertad para crear sobre la marcha.

Suele hacerse con poca luz, los ojos cerrados y una buena dosis de pasión. Jazz. Unos cuantos bares pamploneses apuestan por la música en directo, llenan sus locales con los acordes de este género de origen americano. Jokin Idoate abrió el primer bar musical de la capital en 1982. Lo bautizó como Boulevard Jazz porque pretendía que esa música fuera la única que se interpretase allí, algo que no acabó de salir bien. “Yo quería tocar solamente Jazz, pero en Pamplona no hay afición suficiente”, lamenta.

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