Infierno

Hay una escena en la que se condensa el dramatismo sin necesidad de balas o sangre y sin apenas palabras. La pandilla entra en la taberna cantando y armando jaleo tras la cacería, uno de ellos se sienta al piano y comienza a acariciar las teclas. Los ruidos cesan y todos callan, atentos a la nostálgica melodía, que se convierte en un preludio triste de lo que vendrá a continuación, de la suma de los ruidos más horrendos: la guerra. El cazador (1978) es un drama que se convierte en un fantástico retrato de las emociones y debilidades humanas, además de un canto a la amistad y el heroísmo.

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Mirada al alma

El doctor Isak Borg acabó por enamorarse de su trabajo. Después de una vida dedicada a la ciencia a sus setenta y ocho años solo tiene a su lado un ama de llaves huraña, un hijo distante y un coche tan viejo como su dueño. En la catedral de Lund van a hacerle un homenaje por sus cincuenta años en la profesión. Pero él preferiría estar cogiendo fresas salvajes. En esta cinta en blanco y negro Ingmar Bergman (Fresas salvajes, 1957) juega con lo onírico y lo real para zambullirse en los recuerdos de un anciano que ha vivido mucho, pero al que todavía le quedan cosas por aprender: “Sabes tanto y sin embargo sabes tan poco”.

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Caricia al alma

Encontrarse con alguien después de años sin verle y que parezca que no ha pasado el tiempo. Mirar a los ojos a esa persona, sonreír y que el universo vuelva a estar en orden. Coger su mano y sentir una seguridad impenetrable, la certeza de tener algo más fuerte que la guerra, la fama o el dinero: amistad. Fred Zinnemann hace un recorrido por la vida de la dramaturga Lillian Hellman que rememora su pasado, en el que su amiga Julia ocupa el punto más alto. Julia (1977) es el retrato de una profunda amistad que intenta superar las circunstancias, que no se deja amilanar por una guerra y se mantiene sólida a pesar de los kilómetros.

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La mirada del desierto

Pistolas, caballos, sombreros vaqueros y arena por doquier: todo apunta a un western. Pero el italiano Sergio Leone confeccionó una película (Once upon a time in the west, 1968) que va más allá, que habla de justicia y lucha, de ambición y de venganza. El desierto es el marco para las vidas de unos personajes que buscan seguir adelante en el oeste y que no saben dónde acertará la siguiente bala.

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Apagar la guerra Fría

Tras la II Guerra Mundial Alemania queda partida por la mitad: a un lado la Kremlin Cola y al otro el imperio del Tío Sam. En esta comedia monocromática Billy Wilder consigue hacerse con la sonrisa del espectador a través de unos personajes muy definidos y una constante dialéctica entre comunismo y capitalismo que se traduce como una caricatura de ambos sistemas. “Al diablo con Khruschev”. “Al diablo con Frank Sinatra”.

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Billar y castigo

El film de Robert Rossen puede resumirse en una escena, esa en la que la cámara graba a Sarah vagando entre el gentío de una fiesta con la única compañía de una copa, con una expresión ausente digna de las figuras de los cuadros de Edward Hopper. Como ella, todos los personajes de la película están perdidos, a cada uno le falta algo, ya sea amor, confianza o compasión, y todos participan en esta coreografía en blanco y negro en la que los débiles caen. Más allá de las mesas de billar, El buscavidas es un drama que desemboca en la redención, pero ese es el último paso de baile de una verdadera danza de la muerte.

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Memento

Pistolas, droga, tatuajes y habitaciones de motel. Son los típicos componentes de un thriller, pero Memento (2000) es más que eso. Leonard Shelby es investigador de una compañía de seguros. Mejor dicho, lo era. Ahora es un hombre alojado en la 304, con pérdida de memoria a corto plazo, que no puede almacenar nuevos recuerdos y que solo sabe que John G. violó y mató a su mujer, y que el mismo hombre le dio el golpe que lo dejó sin memoria. Eso es lo único que recuerda y, por si se le olvida, lo lleva tatuado por todo el cuerpo, como las pistas que va recopilando para encontrar y matar al asesino de su esposa. Lleva una Polaroid encima con la que saca instantáneas de los lugares que frecuenta y de las personas que entran en su historia. En la parte de atrás de esos retratos se dedica a escribir frases como “no te creas sus mentiras”, instrucciones que le guían en el camino a su venganza, una venganza que solo recordará si le saca una foto.

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