Piel de Naranja

En Navarra se extiende la recogida de residuos orgánicos domésticos para cumplir con los objetivos de sostenibilidad marcados por la Unión Europea y la propia Comunidad Foral.

Andrea García Larumbe vive en el número cuatro de la calle Castilla la Mancha de Barañáin. Le toca recoger la mesa después de comer, separa los huesos del pollo y las mondas de la naranja para depositarlas en un cubito marrón que su hermana pequeña Irene decoró con pegatinas. Su padre, Juan Antonio, bajará esa noche a tirar el contenido de ese cubo a un nuevo contenedor cuya tapa, también marrón, se abre con llave. Es uno de los 78 nuevos contenedores colocados en el municipio para la recogida selectiva de biorresiduos, esto es, materia orgánica.


Desde el pasado once de noviembre la Mancomunidad de Pamplona desarrolla una prueba piloto en la localidad de Barañáin a la que se han apuntado casi 3.000 familias de los 22.000 habitantes del lugar. El objetivo que persigue la Mancomunidad es recoger de modo separado los residuos orgánicos para poder recuperarlos, darles valor convirtiéndolos en biogás o compostaje (una especie de abono orgánico). Pero, en primer lugar, ¿qué son estos biorresiduos? Se trata de materia orgánica, por tanto biodegradable, pueden ser restos de comida como pieles de frutas (la naranja que Andrea tomó de postre), restos de verdura, huesos y espinas, cáscaras de huevos y frutos secos; también restos vegetales (flores seca, restos de poda, servilletas sucias) y otros materiales como palillos o serrín. Lo que se busca al recogerlos de modo separado es evitar que se vean contaminados por los impropios o impurezas (materias como aceite, cenizas, colillas o pañales). Ya que la materia orgánica no se puede reutilizar lo que se hace con ella es una valorización energética, una especie de reciclaje que posibilita que lo orgánico se transforme en un producto como biogás o compostaje. Para producir estos últimos ha de intentarse que la materia orgánica esté lo más “limpia” posible, de ahí la de recogida selectiva.
La de Pamplona no es la única entidad que ha propuesto sistemas de recogida selectiva para la materia, pero sí es el caso más urgente, ya que la Mancomunidad de la capital produce más de la mitad de los residuos de Navarra y hasta ahora no sometía a ningún tratamiento los restos orgánicos, es decir, estos se destinaban directamente a los vertederos, algo que suponía una práctica poco beneficiosa para el medioambiente. ¿Y a qué se debe la moda de recoger el biorresiduo y darle un valor? Algunos como Miguel Ángel Arrastio, gerente de la Mancomunidad de la Ribera Alta, defienden que el motor de las iniciativas de este tipo es “el hacer las cosas bien” ya que desde las 14 mancomunidades navarras ven el problema, sus posibles consecuencias y las soluciones “desde dentro”. Pero hay un elemento en el aire que lleva a pensar lo algo diferente: que la prisa por ser más proambientales que nunca viene dada por las circunstancias legales, ya que una directiva europea y la Ley 22/2011 de residuos y suelos contaminados obligan a todas las Comunidades Autónomas a dar una solución a la gestión de sus residuos.
La Comunidad Foral desarrolló en 2010 el Plan Integrado de Gestión de Residuos de Navarra (PIGRN) que, entre otros asuntos, recoge multitud de referencias sobre los ya mencionados biorresiduos. El PIGRN establece que para el año 2020 no habrá que destinar este tipo de desperdicios a los vertederos y que para esa fecha tendrá que recogerse de modo selectivo la mitad de los biorresiduos, con un máximo del 10% de impurezas (para poder valorizarlos). Para lograr esos objetivos el Plan presenta varias alternativas de recogida: el 5º contenedor discriminado (con llave) que ya funciona en Barañáin, el 5º indiscriminado (sin llave) y la recogida puerta a puerta (con buenos resultados en zonas rurales, como la de la Mancomunidad de la Sakana).
Excepto la de la Comarca de Pamplona, el resto de Mancomunidades están integradas en el Consorcio de Residuos de Navarra, entidad que se encarga del tratamiento de residuos, ya que la recogida de los mismos la llevan a cabo las propias entidades. Rebeca Etxeberría trabaja en NILSA, empresa pública asociada al Consorcio. Comenta que la meta que se propone el PIGRN es algo difícil de lograr por el momento, subraya que el hecho de que Pamplona produzca la mayoría de residuos y que nunca los haya tratado supone “una rémora” tremenda (en 2011 el porcentaje de residuos sometidos a una valorización energética en Navarra era del 2,2%). Puede que la tachen de negativa, pero defiende que no hay que ser triunfalistas en este tema porque eso solo “difumina la autocrítica” e impide ver con claridad la situación. Etxeberría se lamenta de que las administraciones vayan “a la cola de todo, forzadas por el marco legal” y señala que el punto a favor es que “Europa puso la ley sobre la mesa” y eso obliga a tomar conciencia.
Diez de las mancomunidades navarras se han puesto las pilas y han realizado diferentes propuestas para recoger los residuos domésticos orgánicos y poder tratarlos. La opción que más eco ha tenido ha sido la reciente implantación del nuevo contenedor en Barañáin, aunque otras alternativas llevan funcionando más tiempo. Es el caso de la Mancomunidad de Montejurra, con cabeza en Estella, que es la pionera navarra en esto de la recogida separada de biorresiduos. Su responsable técnico, Luis Mª Rodríguez Elía, cuenta que lo llevan haciendo desde los años noventa. El modelo consiste en dos contenedores, uno de ellos para los biorresiduos y otro para envases e impropios o resto, un modus operandi que conservarán. Rodríguez refiere que con ese método tendrían que recuperar la totalidad de la materia orgánica, pero que “en la práctica no todo el mundo recicla igual de bien y hay mucho nivel de impropios”, algo que hace que el compostaje que resulta de esa materia no tenga la calidad adecuada. Deja claro que la gestión de residuos “es un servicio público” y que ha de buscarse la rentabilidad en ese proceso, una rentabilidad que equipara a no subir demasiado las tasas de los ciudadanos.
En la Mancomunidad de Irati (antes llamada Zona 10) se apuesta por el compostaje, ya que es una zona rural con municipios muy distantes entre sí y lo que interesa, según dice Zeru Sarasola, es que los ciudadanos puedan aprovechar para sus huertas los residuos orgánicos producidos en sus propias casas. En la Ribera Alta ha triunfado el contenedor con llave, que está en las calles de las nueve localidades que integran la mancomunidad desde el primer día de octubre de este año. Su gerente Miguel Ángel Arrastio dice que el reto está en adecuar las tasas de los contribuyentes al coste del servicio, algo que intentarán evitar rentabilizando todo lo que puedan los recursos de que ya disponen.
Mairaga es otra de las entidades que proponen una recogida selectiva con el 5º contenedor discriminado, que según comenta el técnico José María Alkuaz, se implantará en Tafalla como piloto en febrero o marzo. La recogida separada de cartón y plásticos lleva muchos años en escena pero sobre este nuevo modelo de recogida selectiva Alkuaz comenta que “es un tema de conciencia y de cambiar hábitos”, añade que “no es fácil”, el ciudadano tiene la última palabra. El otro lastre del que habla es el económico, ya que el Gobierno de Navarra, que sí contribuye con ayudas a otros tipos de recogida, no aporta ninguna subvención para esta, algo a lo que también se refería Óscar Rubio, de la Mancomunidad de Valdizarbe. Allí la decisión última no está tomada todavía, pero prevén instalar el 5º contenedor en 2014. Valoraron la posibilidad de sustituir la cerradura tradicional con llave por una electrónica, pero la posibilidad se esfumó porque, en palabras de Rubio, “no hay un real”. El responsable de Valdizarbe pone el acento en la concienciación ciudadana y también en el papel de los medios de comunicación, que a su juicio no son todo lo responsables que podrían sobre el tema ambiental, posición que comparte el profesor de Periodismo Científico de la Universidad de Navarra, Bienvenido León, que apunta que los medios “informan poco y a veces de manera irresponsable, con lo que no contribuyen a una educación”. A pesar de la variedad de sistemas de recogida y las peculiaridades de cada uno, tal como señala Raúl Salanueva, del Servicio de Calidad Ambiental, lo que importa no es qué método se use sino que el objetivo propuesto por el PIGRN se cumpla.
¿Y qué se hace con los biorresiduos? De momento son dos los caminos posibles. Luis Mª Rodríguez, de Montejurra, confía en los buenos resultados del compostaje. Para dar lugar a ese producto la materia orgánica recogida de modo separado se separa y trocea para diferenciar y eliminar los impropios. Una vez limpia (o menos sucia, al fin y al cabo es basura) se transporta en cintas hasta una especie de trincheras donde la materia se cubre y se somete a una aireación forzada y al control de temperaturas, tras lo que se deja reposar. Más tarde es filtrada, dando resultado a un compost, un fertilizante que se destinará a agricultura y ganadería. El otro proceso tiene un nombre que asusta: biometanización. El profesor David Elustondo Valencia comenta que es la inversa de la producción de compostaje, ya que en lugar de una aireación forzada, lo que se hace es introducir la materia orgánica a un reactor donde no hay oxígeno. Así se fuerza a las bacterias de los biorresiduos a producir biogás, que estará destinado a la producción energética. Así que los huesos del pollo que se zampó Andrea pueden ser bastante productivos.

Economía vs. Ecología
El pasado agosto una nota técnica del PIGRN recogía y examinaba las propuestas de las diferentes mancomunidades, llegando a la conclusión de que solo las de Pamplona y Valdizarbe podrían llegar al objetivo del recoger el 50% de residuos orgánicos domésticos, el resto o no han presentado proyectos o estos todavía tienen que evolucionar. Como puede comprobarse, el tema de qué hacer con los residuos cobra cada vez un poco más de relevancia en la escena, no en vano, ya el modelo económico vigente, capitalismo, basa su crecimiento en el consumo de productos, lo que se traduce posteriormente en generación de residuos. La crisis económica ha obligado a multitud de empresas a reducir su producción y ha forzado una reducción del consumo, pero a pesar de ello el incremento económico se concibe como algo ligado al consumo de recursos y, por ende, a la producción de residuos.
Ante eso las entidades proponen planes como el PIGRN y alternativas de recogida, pero hay quien defiende que el problema tiene una raíz más profunda, que ha de tratarse de modo drástico. Es el caso de quienes abogan por el decrecimiento: una reducción del consumo de recursos y una distribución más equitativa de los mismos. En palabras del economista Kenneth Bouldign: “Quien crea que el crecimiento exponencial puede durar eternamente en un mundo finito, o es un loco o es un economista”. En España el profesor Carlos Taibo es quien representa esta propuesta. Taibo cuestiona que el crecimiento sea una bendición y habla de él como un fenómeno que provoca “agresiones medioambientales” y el agotamiento de los recursos. Critica el modelo económico capitalista y habla de la necesidad de reducir los niveles de producción y consumo, para lo que es una condición imprescindible que la ciudadanía se lo tome en serio. Taibo argumenta que en la actualidad lo económico prima sobre lo social, algo que, conectando con el tema de los residuos, podría traducirse en que la economía prima sobre la ecología.
El pensador es consciente de que la clave del decrecimiento (el compromiso) es a un tiempo su lastre, ya que es algo utópico pretender una “sobriedad y sencillez voluntarias” en un mundo donde el ocio consiste en consumir. En resumidas cuentas, para Taibo el modelo económico es el problema, ya que supone acabar con los recursos a ritmo vertiginoso, el mismo al que se producen grandes cantidades de residuos que, sin no se tratan o valorizan como ya comienza a hacer Navarra, suponen un perjuicio medioambiental por efectos como las emisiones de gases efecto invernadero que provocaría su combustión o la posibilidad de contaminación de aguas subterráneas si los desperdicios se quedan en vertederos.
De momento la familia de Andrea no va a dejar de ir al centro comercial La Morea algún que otro sábado para pasarlo bien en el cine o para que las chicas compren algo de ropa, aunque ese sea un tipo de ocio que suponga consumo, según Taibo. Pero lo que sí que harán será tirar la piel de la naranja del postre al nuevo contenedor.

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