Memento

Pistolas, droga, tatuajes y habitaciones de motel. Son los típicos componentes de un thriller, pero Memento (2000) es más que eso. Leonard Shelby es investigador de una compañía de seguros. Mejor dicho, lo era. Ahora es un hombre alojado en la 304, con pérdida de memoria a corto plazo, que no puede almacenar nuevos recuerdos y que solo sabe que John G. violó y mató a su mujer, y que el mismo hombre le dio el golpe que lo dejó sin memoria. Eso es lo único que recuerda y, por si se le olvida, lo lleva tatuado por todo el cuerpo, como las pistas que va recopilando para encontrar y matar al asesino de su esposa. Lleva una Polaroid encima con la que saca instantáneas de los lugares que frecuenta y de las personas que entran en su historia. En la parte de atrás de esos retratos se dedica a escribir frases como “no te creas sus mentiras”, instrucciones que le guían en el camino a su venganza, una venganza que solo recordará si le saca una foto.


Hay pistolas y droga, así que no podía faltar el policía corrupto: Teddy, interpretado por Joe Pantoliano. Cuesta distinguir si lo más irritante es su bigote, su modo tan americano de mascar chicle o el timbre agudo de su voz al exclamar “Lenny” cada vez que ve al protagonista. Una de las pocas mujeres del reparto es Carrie-Anne Moss, que encarna a Natalie, un personaje con dos caras que aparece como una víctima a los ojos de Leonard aunque es en realidad una manipuladora que se aprovecha de su enfermedad. Guy Pearce da vida a Leonard y consigue que nos compadezcamos de él. El actor saca el máximo partido a su capacidad de expresión. El mejor ejemplo de ello es la mirada de desconcierto que cuelga de sus ojos azules cada vez que lee sus tatuajes y anotaciones, que nunca acaba de recordar, o cuando despierta al lado de Natalie, a quien no reconoce. Stephen Tobolowsky se encarga de interpretar a Sammy Jankis, según cuenta Leonard se trataba de un hombre al que investigó cuando trabajaba en la compañía de seguros. Jankis sufría su misma enfermedad y provocó la muerte de su mujer diabética por inyectarle varias dosis de insulina, ya que en cada inyección no recordaba haber hundido la aguja en la piel antes.

La clave de Memento es sembrar la duda. El montaje dicta el ritmo y consigue contagiarnos la enfermedad del protagonista, es el punto fuerte del filme de Christopher Nolan. La cinta combina dos líneas temporales que fluyen a la contra buscando sumir al espectador en el mismo estado de desorientación en el que vive Leonard. La película intercala una serie de escenas en blanco y negro que transcurren en orden cronológico con secuencias en color, que van de delante hacia atrás. Así, la primera escena que se ve es el final, a partir de ahí el espectador va confeccionando su propio dossier para poder comprender la historia, a base de atención, curiosidad y, en ocasiones, paciencia. La estructura narrativa de Memento juega a desdibujar la concepción que tenemos de los personajes a lo largo de la cinta. Teddy pasa de ser el odioso dentudo que seguro cometió el crimen a un simple aprovechado. Natalie evoluciona de la dama débil a la femme fatale, y en cuanto a Leonard, acabamos por no saber quién es y creer que el drama de Sammy Jenkis puede en realidad ser su historia.

Una atmósfera sombría domina Memento, la sensación de no saber hasta dónde irá el siguiente paso. La banda sonora de David Julyan, aunque monótona, contribuye a crear este clima. La melodía de las cuerdas lo hace desde el inicio, en el que nos damos de bruces con la fotografía de una pared ensangrentada. La primera vez que Leonard se desviste para leer sus tatuajes escuchamos un colchón de notas sostenidas de la cuerda sobre las que suenan toques suaves de piano que aumentan la tensión del momento. Julyan también se vale de adagios de cuerda para ambientar los momentos en que el protagonista recuerda a su mujer.

El argumento se basa en el relato Memento mori (en latín “recuerda que morirás”), de la pluma del hermano del director, Jonathan Nolan. Lo que en manos de otro hubiera sido una coreografía de balas cobra un sentido diferente con el director de Origen. Claro que hay puñetazos y sangre, pero la historia tiene un trasfondo que no se aprecia a primera vista. Casi al final de la película Leonard se hace una pregunta: “¿Me miento para ser feliz?”. Con la excusa de una historia articulada por el deseo de venganza, Memento habla del autoengaño y la identidad, temas que tal vez quedan solapados por el constante movimiento de los personajes.

Todos en Memento se mueven porque quieren algo. Dinero, un coche mejor. Sobre todo dinero. Pero Leonard es el único que no puede cumplir su deseo: recuperar su vida. Persigue a ese John G. pero Teddy le dice que ya lo mató, que de hecho ha matado a otro John G., que cualquiera podría servirle porque de todos modos no se acordará y que está vengando un crimen que él mismo cometió. Una imprudencia hablarle así a alguien sin memoria, se corre el riesgo de que tampoco tenga remordimientos. El nombre completo de Teddy es John Edward Gamell, será el siguiente John G. de la lista negra de Leonard, que lucha por sobrevivir sin amor y sin memoria, porque “el mundo no desaparece si cierras los ojos”.

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